sábado, 18 de octubre de 2014

Reflexiones sobre la "REDENCIÓN"

“REDENCIÓN”

IMPLICA VIDA, DIGNIDAD, FRATERNIDAD, HONRADEZ, TODO LO QUE HUMANIZA

        Redención es vida (superación de las carencias básicas), en contra de pobreza, enfermedad, muerte; es dignidad (respeto a las personas y sus derechos) en contra del irreconocimiento y desprecio;
        es libertad, en contra de opresión;
        redención es fraternidad entre los seres humanos, configurados como familia, lo que se opone a comprenderlos, darwinistamente, como mera especie;

        redención es aire puro, que pueda respirar el espíritu para moverse hacia lo que humaniza (honradez, compasión, solidaridad, apertura a alguna forma de trascendencia), en contra de lo que deshumaniza (egoísmo, crueldad, individualismo, arrogancia, romo positivismo).

RECONCILIACION

         Otro de los términos utilizado como corolario de la redención, como uno de sus resultados, es la reconciliación.
         En sí, el término remite a una separación a la que pone fin, a una ruptura que se supera supuestamente.  En el contexto cristiano se piensa en primer término en la ruptura con Dios y, por tanto, en el pecado, que supone el perdón de Dios…
         Pero el que dice filiación en relación con un padre dice fraternidad con respecto a todos aquellos que dependen de su paternidad.  La salvación en cuanto reconciliación con Dios es inconcebible sin la reconciliación con los hermanos.

         La necesidad de una reconciliación de los hombres con la naturaleza, con su mundo.  Sin ella, como recuerdan las campañas ecologistas, no hay posibilidad de salvación para los seres humanos.
          Existe finalmente una reconciliación que no cabe olvidar sin más: es aquella por la que estamos en paz con nosotros mismos, liberados de la ansiedad, capaces de no desfallecer como consecuencia de nuestras propias insuficiencias y errores cotidianos, y serenos ante la realidad, sea cual sea.

HAY UNA LUGAR DE REDENCIÓN

         La redención es concreta. Hay que recordarlo ante el peligro de “universalizar” a-históricamente el concepto de redención.
          Qué sea salvación será comprendido de manera diferente en barrios residenciales de París e informes de las Naciones Unidas, y en los suburbios de Sao Paulo o Santo Domingo , de Flores , Once o Constitución, o Montevideo, o Lobito…
         No se puede presuponer que, desde un lugar supuestamente universal, se las puede comprender de forma adecuada y jerarquizar su necesidad y urgencia.
         Esto lleva a la pregunta por el lugar en que se teoriza la redención, tarea hoy importante, pues la globalización, en cuanto ideología, busca llevar a pensar que la realidad del mundo es sustancialmente homogénea, y que, por lo tanto, no es necesario preguntarse por el lugar “más adecuado” para saber qué es redención ni para saber qué es ser humano, qué es esperanza, qué es pecado, qué es Dios.

 Tenemos  que dar la máxima importancia a determinar el lugar adecuado que lleva a conocer la verdad de las cosas. Ese lugar es el mundo de las más excluidas.

LA REDENCIÓN DESDE ABAJO

         La condición necesaria para esa redención es abajarse, aunque sea análogamente, al abajo de la historia.
          No se puede estar abajo sin algún tipo de abajamiento real y de compartir realmente la pobreza.


         Es don de Dios, sin duda, cómo al lado de ellas, en cercanía y servicio a ellas, se nos ilumina y revela el significado más hondo y menos banal o previsible de palabras y gestos


Terminamos con unas palabras de Monseñor Romero que recogen la tesis central de estas reflexiones:

“Entre los pobres quiso poner Cristo su cátedra de redención” (Homilía del 24 de diciembre de 1978). 

jueves, 31 de julio de 2014

Retiro Espiritual:Dios nos mira con Amor. Su mirada nos transforma.

El 17 y 18 de junio, en la Comunidad de Ramos Mejía, Bs. As. se llevó a cabo el Retiro Espiritual para jóvenes "Dios nos mira con amor. Su mirada nos transforma".
Fue una verdadera experiencia de Dios donde experimentamos la mirada amorosa de Dios que salió a nuestro encuentro y comenzó a transformar nuestras vidas.

Compartimos a continuación este poema-oración que surgió de lo más profundo de la experiencia de estos días.


Dios nos mira con amor, su mirada nos transforma

Estaba muy cansada y sacaste la carga de mis hombros
Me viste y me liberaste, para que pueda encontrarme
Con otras miradas hermanas.
Puedo escuchar tu voz,
En Vos hay un mundo que me llama.
Tu mirada me transformó el corazón.
Nuevamente me elegiste,
Nuevamente digo sí.

Todo era común,
Terminé aceptando la normalidad.
Acepté el frío y el vacío,
Negué los llamados y los eché al olvido.
Pero ya no lo puedo parar,
Alguien me volvió a llamar
Y no lo puedo rechazar.
Se encendió una luz,
Se prendió una llama
Que ni el más fuerte viento podrá apagar
Porque ya no hay vuelta atrás.
Puedo ver un camino que me invita a seguir
Y por fin empezar a vivir.
Hasta donde Dios me quiera llevar.

Porque hoy puedo ponerme en Tus manos para vivir,
Dado q mi esencia muere de amor por Ti.
Amo esta, Tu libertad, en cada latir.
Juntos soñaremos caminos, para luego compartir
Con cada mujer que grite que le duele el vivir.
Nada en el mundo nos detendrá,
Porque María nuestra estrella será.
Y si vuelvo a estar sorda, no dudes en mandar
A esas miradas tuyas que me aman e invitan a amar.

Mi espacio abrí, espacio
Para que tú puedas habitar.
Mi mirar se cruzó con tu mirada,
Porque tu mirar buscaba el mío.
Tu mirar me invitó, me serenó.
Tu mirar me cuestionó y transformó.
Tu mirar me sedujo y esta es mi respuesta:
¡Aquí estoy!


(Producción Colectiva, Retiro Espiritual, Bs. As. Ramos Mejía, Julio 2014)

sábado, 31 de mayo de 2014

150 años compartiendo Vida

1 Junio 1864-2014:

Hoy vino Betty. Sus botas altas y su short corto no llaman tanto la atención como su mirada triste…Está cansada, ya no quiere seguir en la calle. Ayer un tipo se quiso “pasar” en el hotel. Se defendió con un zapato. Los tacos altos pueden cumplir varias funciones.

Ayer visitamos a Karen en la parada. ¡En esa esquina hay tanto ruido! El tránsito es infernal, frenadas, bocinas, arranques, todo es un ruido ensordecedor. Todavía llora la muerte de su mamá. Ya pasaron 6 meses. Nosotras continuamos visitando a otras mujeres, ella permanece esperando en la esquina. Al menos un abrazo ayudó a enjuagar esas lágrimas.

María está enferma. María está enferma, sola con su hijo, sin plata, lejos de su país y su familia. Una compañera paisana “le da la vuelta” para ver si necesita algo o prepararle la comida cuando ella no puede. Si empeora quiere volver a su país ¿Qué va a ser sola y enferma con su hijito?

Suena el timbre y sabemos que es ella. Es Ada que está aprendiendo a leer y escribir. No falta nunca. Ella sabe que este es su momento, lo sabe y lo está aprovechando por eso viene aunque esté lloviendo. Este es su momento, el de iluminar su rostro con una sonrisa.

Y las historias continúan. Pero no son sólo casos o estadísticas. Son nombres concretos, con sus rostros, historias, sueños y esperanzas. Son ellas, las mujeres en quienes vemos la imagen de Jesús Redentor.

Cumplir 150 años de misión junto a la mujer en situación de prostitución es motivo de alegría y esperanza. Celebrarlo nos lleva a afianzar el llamado que recibimos de Dios a imitar sus acciones de amor y misericordia compartiendo la vida con tantas mujeres.

Ya han pasado 150 años que el P. Serra invita a M. Antonia a recorrer las calles de Madrid donde estaban las mujeres que ejercían  la prostitución. Juntos descubrieron que ellas, las mujeres, eran la gracia de Dios que llegaba a sus vidas.

150 años pasaron desde ese 01 de Junio de 1864 en que se abrieron las puertas de la primera casa de Ciempozuelos, en España, dispuesta a recibir y compartir la vida con mujeres que buscaban un futuro más justo y digno.

Hoy vino Betty, visitamos a Karen y a María, nos alegramos con Ada y soñamos los sueños de muchas mujeres que encontramos en las recorridas de trabajo de campo y que nos visitan en los centros de día.

Diferentes lenguas y culturas. Las mismas certezas en la misericordia de un Dios que vino para que tengamos vida en abundancia.



Al celebrar hoy estos 150 años de misión, al levantar la mirada y reconocer las acciones e incidencias de los proyectos Oblatas presentes en casi todo el mundo, el corazón se ensancha de agradecimiento y emoción. Como familia Oblata alabamos a Dios por habernos llamado, convocado y enviado a recorrer juntas este camino de amor y liberación.

sábado, 10 de mayo de 2014

Jornada de oración por las Vocaciones

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
PARA LA 51 JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES
11 DE MAYO DE 2014 – IV DOMINGO DE PASCUA

Tema: Vocaciones, testimonio de la verdad


Queridos hermanos y hermanas:
1. El Evangelio relata que «Jesús recorría todas las ciudades y aldeas… Al ver a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas “como ovejas que no tienen pastor”. Entonces dice a sus discípulos: “La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies”» (Mt 9,35-38). Estas palabras nos sorprenden, porque todos sabemos que primero es necesario arar, sembrar y cultivar para poder luego, a su debido tiempo, cosechar una mies abundante. Jesús, en cambio, afirma que «la mies es abundante». ¿Pero quién ha trabajado para que el resultado fuese así? La respuesta es una sola: Dios. Evidentemente el campo del cual habla Jesús es la humanidad, somos nosotros. Y la acción eficaz que es causa del «mucho fruto» es la gracia de Dios, la comunión con él (cf.Jn 15,5). Por tanto, la oración que Jesús pide a la Iglesia se refiere a la petición de incrementar el número de quienes están al servicio de su Reino. San Pablo, que fue uno de estos «colaboradores de Dios», se prodigó incansablemente por la causa del Evangelio y de la Iglesia. Con la conciencia de quien ha experimentado personalmente hasta qué punto es inescrutable la voluntad salvífica de Dios, y que la iniciativa de la gracia es el origen de toda vocación, el Apóstol recuerda a los cristianos de Corinto: «Vosotros sois campo de Dios» (1 Co 3,9). Así, primero nace dentro de nuestro corazón el asombro por una mies abundante que sólo Dios puede dar; luego, la gratitud por un amor que siempre nos precede; por último, la adoración por la obra que él ha hecho y que requiere nuestro libre compromiso de actuar con él y por él.
2. Muchas veces hemos rezado con las palabras del salmista: «Él nos hizo y somos suyos, su pueblo y ovejas de su rebaño» (Sal 100,3); o también: «El Señor se escogió a Jacob, a Israel en posesión suya» (Sal 135,4). Pues bien, nosotros somos «propiedad» de Dios no en el sentido de la posesión que hace esclavos, sino de un vínculo fuerte que nos une a Dios y entre nosotros, según un pacto de alianza que permanece eternamente «porque su amor es para siempre» (cf. Sal 136). En el relato de la vocación del profeta Jeremías, por ejemplo, Dios recuerda que él vela continuamente sobre cada uno para que se cumpla su Palabra en nosotros. La imagen elegida es la rama de almendro, el primero en florecer, anunciando el renacer de la vida en primavera (cf. Jr 1,11-12). Todo procede de él y es don suyo: el mundo, la vida, la muerte, el presente, el futuro, pero —asegura el Apóstol— «vosotros sois de Cristo y Cristo de Dios» (1 Co 3,23). He aquí explicado el modo de pertenecer a Dios: a través de la relación única y personal con Jesús, que nos confirió el Bautismo desde el inicio de nuestro nacimiento a la vida nueva. Es Cristo, por lo tanto, quien continuamente nos interpela con su Palabra para que confiemos en él, amándole «con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser» (Mc 12,33). Por eso, toda vocación, no obstante la pluralidad de los caminos, requiere siempre un éxodo de sí mismos para centrar la propia existencia en Cristo y en su Evangelio. Tanto en la vida conyugal, como en las formas de consagración religiosa y en la vida sacerdotal, es necesario superar los modos de pensar y de actuar no concordes con la voluntad de Dios. Es un «éxodo que nos conduce a un camino de adoración al Señor y de servicio a él en los hermanos y hermanas» (Discurso a la Unión internacional de superioras generales, 8 de mayo de 2013). Por eso, todos estamos llamados a adorar a Cristo en nuestro corazón (cf. 1 P 3,15) para dejarnos alcanzar por el impulso de la gracia que anida en la semilla de la Palabra, que debe crecer en nosotros y transformarse en servicio concreto al prójimo. No debemos tener miedo: Dios sigue con pasión y maestría la obra fruto de sus manos en cada etapa de la vida. Jamás nos abandona. Le interesa que se cumpla su proyecto en nosotros, pero quiere conseguirlo con nuestro asentimiento y nuestra colaboración.
3. También hoy Jesús vive y camina en nuestras realidades de la vida ordinaria para acercarse a todos, comenzando por los últimos, y curarnos de nuestros males y enfermedades. Me dirijo ahora a aquellos que están bien dispuestos a ponerse a la escucha de la voz de Cristo que resuena en la Iglesia, para comprender cuál es la propia vocación. Os invito a escuchar y seguir a Jesús, a dejaros transformar interiormente por sus palabras que «son espíritu y vida» (Jn 6,63). María, Madre de Jesús y nuestra, nos repite también a nosotros: «Haced lo que él os diga» (Jn 2,5). Os hará bien participar con confianza en un camino comunitario que sepa despertar en vosotros y en torno a vosotros las mejores energías. La vocación es un fruto que madura en el campo bien cultivado del amor recíproco que se hace servicio mutuo, en el contexto de una auténtica vida eclesial. Ninguna vocación nace por sí misma o vive por sí misma. La vocación surge del corazón de Dios y brota en la tierra buena del pueblo fiel, en la experiencia del amor fraterno. ¿Acaso no dijo Jesús: «En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros» (Jn 13,35)?
4. Queridos hermanos y hermanas, vivir este «“alto grado” de la vida cristiana ordinaria» (cf. Juan Pablo II, Carta ap. Novo millennio ineunte, 31), significa algunas veces ir a contracorriente, y comporta también encontrarse con obstáculos, fuera y dentro de nosotros. Jesús mismo nos advierte: La buena semilla de la Palabra de Dios a menudo es robada por el Maligno, bloqueada por las tribulaciones, ahogada por preocupaciones y seducciones mundanas (cf. Mt 13,19-22). Todas estas dificultades podrían desalentarnos, replegándonos por sendas aparentemente más cómodas. Pero la verdadera alegría de los llamados consiste en creer y experimentar que él, el Señor, es fiel, y con él podemos caminar, ser discípulos y testigos del amor de Dios, abrir el corazón a grandes ideales, a cosas grandes. «Los cristianos no hemos sido elegidos por el Señor para pequeñeces. Id siempre más allá, hacia las cosas grandes. Poned en juego vuestra vida por los grandes ideales» (Homilía en la misa para los confirmandos, 28 de abril de 2013). A vosotros obispos, sacerdotes, religiosos, comunidades y familias cristianas os pido que orientéis la pastoral vocacional en esta dirección, acompañando a los jóvenes por itinerarios de santidad que, al ser personales, «exigen una auténtica pedagogía de la santidad, capaz de adaptarse a los ritmos de cada persona. Esta pedagogía debe integrar las riquezas de la propuesta dirigida a todos con las formas tradicionales de ayuda personal y de grupo, y con las formas más recientes ofrecidas en las asociaciones y en los movimientos reconocidos por la Iglesia» (Juan Pablo II, Carta ap. Novo millennio ineunte, 31).
Dispongamos por tanto nuestro corazón a ser «terreno bueno» para escuchar, acoger y vivir la Palabra y dar así fruto. Cuanto más nos unamos a Jesús con la oración, la Sagrada Escritura, la Eucaristía, los Sacramentos celebrados y vividos en la Iglesia, con la fraternidad vivida, tanto más crecerá en nosotros la alegría de colaborar con Dios al servicio del Reino de misericordia y de verdad, de justicia y de paz. Y la cosecha será abundante y en la medida de la gracia que sabremos acoger con docilidad en nosotros. Con este deseo, y pidiéndoos que recéis por mí, imparto de corazón a todos la Bendición Apostólica.
Vaticano, 15 de Enero de 2014

FRANCISCO