domingo, 5 de diciembre de 2010

Adviento.. Tiempo de posibilidades

Dios se acerca, se mete en nuestra carne, es el Emmanuel, el Dios con nosotros.
Adviento es Dios que viene.
Y porque viene, podemos nosotros ser Adviento.
Esperamos porque llevamos la esperanza en las entrañas.
A veces intuimos futuros distintos, otras los soñamos.
Queremos que las cosas sean diferentes.
Hasta nos brotan los buenos deseos para los que tienen los presentes más sombríos.


¿Qué será todo esto?


¿Solo deseos de tarjetas de felicitación o de anuncios por la tele?


¿Será algo más?


Y es entonces cuando se enciende una luz en nuestra entraña y escuchamos una voz que, muy hondo, muy dentro, muy suave, nos susurra:
¿Por qué no? ¿Por qué no? ¿Por qué no crecer al Dios de las cosas increíbles?
Y el deseo se convierte en urgencia, en anhelo, y quema y aquieta a un tiempo.
¿Por qué no hacer sitio en el corazón?


Dios viene y se estremece de gozo toda la tierra.
Dios viene y orienta nuestra mirada hacia su Proyecto.
Dios viene y nuestro corazón se abre por la fe para creer en paisajes que todavía no existen.
Su Amor anula las distancias entre cielo y tierra y nos brota el asombro al no haber visto nunca cosa tan bella.


De los labios de la Trinidad brota la Sabiduría y se despierta en nosotros una sed ardiente.
Adonai entra en el misterio del ser humano con su brazo poderoso y nosotros, quitadas las sandalias, le adoramos.


Al viejo tronco le nace un Renuevo y la esperanza humana renace en alegría solidaria.
A abrir todo lo cerrado y levantar lo caído viene la Llave de David, estrenando libertades.


Se acerca poderoso el Sol que nace de lo alto y la oscuridad del mundo queda llena de claridades y la dignidad de todo ser humano se embellece.
Crece la luz bajo su hermosa Mano y suben mujeres y hombres al encuentro del que viene.
Viene Dios hablando el lenguaje de lo humano y, colocándose abajo, es Rey de las naciones, piedra angular para una nueva humanidad.
Dios se acerca, se mete en nuestra carne, es el Emmanuel, el Dios con nosotros.


Adviento es Dios que viene. Y porque viene, podemos nosotros ser Adviento.

(De Vida y Misión de Peniel)

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